Justicia histórica
Por George Chaya
Osama Ben Laden, el asesino de miles de ciudadanos estadounidenses y el hombre mas buscado en los últimos diez años lleva treinta días fuera de este mundo. La espectacularidad de los ataques que ordenó ejecutar en Nueva York, Washington DC, Londres, Moscú, Karachi y Bali dejaron en la humanidad la impronta de su ideología criminal y la maldad personal del líder de Al-Qaeda.
Mucho se ha dicho sobre la operación “Jerónimo”, pero nadie se ha preguntado seriamente si con su muerte, Ben Laden y la ideología maligna que encarno durante su vida ganó o perdió al no comparecer ante la justicia, y si políticamente fue acertada la decisión de Barak Obama en ordenar su inmediato ajusticiamiento durante la operación militar. Aunque el presidente de los EE.UU. justifico el operativo y la reserva estricta de la misión de extracción en Abbottabad en los riesgos que acarreaba una operación militar conjunta con Pakistán dados los antecedentes históricos de que no pocos oficiales paquistaníes están fuertemente vinculados a los yihadistas. De allí que muy pocos en Washington tenían conocimiento previo del operativo de los Seal’s y por lo mismo el equipo de este cuerpo militar de elite para atrapar al terrorista fue conformado solo por 6 hombres.
A treinta días de la baja de Ben Laden muchos aun se preguntan si efectivamente fue el gran líder de Al-Qaeda y si su final fue el adecuado, y aunque esto ya es irrelevante no deja de ser pertinente analizarlo. Ben Laden había eludido su captura y muerte durante casi una década y era tiempo de que comparezca ante la justicia. Pero la misión que se ejecuto en Abbottabad nunca tuvo por objetivo la decapitación y neutralización total de Al-Qaeda. El blanco era Ben Laden y no la organización que dirigia. Así fue planificada la misión por el Presidente Obama y su alto mando político-militar. A cuatro semanas de la operación esto ha quedado claro. Cuando el equipo Seal’s tuvo a Ben Laden en el punto de mira de sus armas no hubo debate sobre "vivo o muerto". Pero después de haber asegurado la totalidad del bunker del líder terrorista, la pregunta era si Ben Laden debería haber sido capturado vivo aquel 2 de mayo. La captura y la decisión final sobre la suerte del objetivo era prerrogativa del presidente estadounidense y solo el podía ordenar el final de la misión. Los EE.UU. querían vivo o muerto a Ben Laden por lo que el comandante en jefe justifico la operación que puso fin a la vida del prófugo en que éste había sido responsable del asesinato de un gran número de ciudadanos estadounidenses, por tanto, para el presidente americano su ejecución no era motivo de debate. Barak Obama aplico lo que en el ámbito militar se conoce como "justicia directa” y ordenó que el jefe de Al-Qaeda fuera ejecutado en el acto. Sin embargo, al hacerlo, el presidente impidió la necesaria y reparadora "justicia histórica" que se hubiera manifestado mediante un juicio al líder terrorista.
Es concreto que Ben Laden “no era un discípulo de la madre Teresa”, Osama fue un criminal de guerra que condujo en primera persona una organización terrorista que actuó explícitamente en la doctrina del terror yihadista y utilizó esa doctrina depravada e inhumana al máximo de su capacidad táctica para sembrar el caos y ejecutar el asesinato masivo de estadounidenses y ciudadanos de varios países. Al liderar la organización y propagar su ideología también recluto a cientos de seguidores para hacer lo mismo. Se puede decir por tanto, que Ben Laden se había auto-condenado a la “justicia directa” que aplico el Presidente Obama. Sin embargo, los crímenes de Al-Qaeda son demasiado grandes para ser pasados por alto con la erradicación del arquitecto de la organización. De allí que la orden de aplicar “justicia directa” por parte del presidente “arruino” la posibilidad histórica de deslegitimar la ideología que Osama Ben Laden propago junto a su organización. Este fue el saldo negativo de la orden del comandante en jefe estadounidense al autorizar la eliminación física inmediata del jefe yihadista. Al hacerlo, Obama perdió la oportunidad de someterlo a un juicio jamás visto y que desembocaría en la mayor “justicia histórica” posible a la luz de las masacres y tragedias que el terrorista ocasionó.
A mi juicio, la orden de ejecución inmediata de Ben Laden fue poco inteligente y con ella se desperdició la oportunidad única de mostrar al mundo entero lo enfermizo y depravado de los fundamentos ideológicos y morales del movimiento que Ben Laden lideró y que en el futuro seguramente dará a luz un nuevo Ben Laden.
En la hipótesis de haber podido asesorar en el hecho específico a los tomadores de decisiones, personalmente hubiera recomendado su captura y no su eliminación física inmediata. Ello porque en primer lugar un juicio a Ben Laden habría terminado con el mismo resultado, pero se hubiera aplicado un golpe mucho mas contundente, tremendamente devastador y decisivo para desnudar y debilitar la ideología que el creó. No obstante, Obama cuenta con el heroísmo y profesionalismo de la marina de los EE.UU. y el equipo Seal le presento la opción de capturar o eliminar al líder de Al-Qaeda. El presidente se inclino por la decisión de eliminarlo y sepultar su cadáver rápidamente en el mar. En cualquier caso, la opción de capturar al hombre que derribó las torres del World Trade Center y parte del Pentágono existió, y bien podría habérselo trasladado a los EE.UU. como un criminal de guerra obligándolo a ver los sitios que destruyó y escuchar los nombres de cada persona que ordeno asesinar.
En mi opinión, Ben Laden debió haber sido capturado para posteriormente ser juzgado ante un tribunal militar estadounidense en la zona Cero. Tendría que haber sido enjuiciado junto al autor intelectual del 9/11, Khalid Sheikh Mohammed y otros terroristas detenidos en Guantanamo que asumieron colaborar en ese ataque. Para ello, el Congreso de los EE.UU. podría haber adoptado un corpus legal especial y adecuado para el inicio rápido de un juicio histórico. El pueblo estadounidense merecía que se hiciera justicia viendo en un tribunal al hombre que ordeno el asesinato de miembros de sus familias, amigos y compatriotas el 9/11.
Un tribunal especial con fiscales capacitados y abogados calificados podría haber sido creado y debió publicitarse un informe exacto de la operación militar que llevó a la detención de Ben Laden para ponerlo cara a cara con la historia de las personas cuyas vidas destruyó, el debió haber sido puesto frente a los familiares de los muertos, los heridos y los amputados. Así, ellos podrían haber encontrado una mejor forma de poner punto final a su trágica historia de dolor. Ello pudo haber sucedido al ser testigos de que Ben Laden recibiría la justicia que merecía. Y más importante aún, los cargos contra él se hubieran podido leer públicamente para inmortalizados como un recordatorio para futuras generaciones de la barbarie del terrorismo islamista. La acusación habría dado cuenta uno por uno de los crímenes de Ben Laden y debería haberse puesto en consideración del tribunal los discursos que el propio Osama dio a lo largo de su vida, incluida la declaración de guerra a los EE.UU. y la incitación al genocidio contra judíos y cristianos que el terrorista dio a conocer en marzo de 2002 en su discurso desde Afganistán. Los textos de sus discursos habrían quedado claramente expuestos a la historia en exacta similitud a los crímenes del fascismo nazi cuando Ben Laden solicitaba por medio de sus videos el exterminio de los judíos y la aniquilación del Estado de Israel. La acusación habría compuesto la primera parte de “la justicia histórica”. Entonces podríamos haber escuchado las respuestas de Ben Laden y sus repetidas diatribas de odio contra EE.UU., los europeos, los infieles, los apóstatas musulmanes, los judíos y el mundo entero. Su defensa hubiera sido vital en la exposición y la identificación de la matriz ideológica del terrorismo islamista y los postulados sobre los que Al-Qaeda y otros grupos yihadistas basan su guerra contra la comunidad internacional. Del mismo modo sus referencias a los dogmas yihadistas se hubieran mostrado sin ningún peso en el juicio, su doctrina política hubiera sido expuesta al mundo para que la opinión pública conozca la ideología maximalista, totalitaria, destructiva y criminal de Ben Laden y el islamismo radical militante. Por último y luego de haber ejercido el legítimo derecho a su defensa, el terrorista debería haber escuchado de cara al tribunal y de acuerdo a las garantías procesales y los principios legales de los EE.UU. tanto la sentencia como la pena correspondiente. Así, Ben Laden habría conocido y enfrentado su destino bajo la ley, con total claridad y transparencia.
En mi opinión, EE.UU y el mundo libre no deberían desestimar de cara al futuro la idea de conformar un tribunal internacional especial para casos similares al del líder de Al-Qaeda. Ello también debe formar parte de la lucha contra el terrorismo yihadista. Y lo mismo para dirigentes genocidas acusados de violaciones a los derechos humanos y a las normas del derecho internacional, como es el caso del presidente de Sudán, Omar Al-Bashir.
Ben Laden y su ideología han sido responsables del asesinato de miles de inocentes en Gran Bretaña, Canadá, Rusia, Jordania, Irak, Turquía, Afganistán, Pakistán, Indonesia, Australia, Líbano, Argelia, Kenia, Tanzania y muchos otros países. Si la Naciones Unidas hubiera formado un tribunal del tipo de Nuremberg con fiscales especializados y jueces de los países víctimas de grupos fundamentalistas como Al-Qaeda, no tengo dudas que ya se podría haber identificado y destruido la legitimidad no solo de Al-Qaeda y su doctrina ideológica de falsa resistencia y de guerra contra la paz. También muchos grupos y regimenes fundamentalistas quedarían expuestos a través de fallos sólidos mediante un proceso judicial que permita aplicar “justicia histórica” y ofrezca al mundo entero la posibilidad de conocer la falsedad de esa ideología que ha jurado destruir a Occidente.
Lo concreto es que la eliminación de Ben Laden de forma expedita ha dado a muchos un sentido de “justicia rápida”, pero en ningún caso ha sido un golpe fundamental a la ideología que esta detrás del derramamiento de sangre inocente. Sin embargo, admito que la actual administración estadounidense así como la mayoría de la clase política europea no esta en capacidad de comprender el beneficio estratégico de un juicio histórico que favorezca el conocimiento de la ideología con la que combate antes que el castigo directo a un líder terrorista. El liderazgo político europeo y americano sigue sin comprender que no se debe limitar la lucha contra el terrorismo a la búsqueda de un autor intelectual. Este último puede ser encontrado y dado de baja como ha quedado demostrado. No obstante si no se neutraliza el arma más poderosa de estas organizaciones:”su ideología”, solo será neutralizado físicamente un líder pero un nuevo cerebro se levantará para continuar y reanudar el terror.
El presidente Obama se inclino por aplicar la “justicia rápida”, con ello permitió que “la justicia histórica y reparadora” estuviera ausente en el caso Ben Laden. Es de esperar que la aplicación de justicia instantánea en lugar de justicia histórica no se vuelva contra los EE.UU. y Occidente.
Artículo de análisis publicado hoy en Madrid por Diario Exterior y la Fundación Iberoamerica-Europa.
Link: http://www.eldiarioexterior.com/justicia-historica--39584.htm
*El Prof. George Chaya es escritor, docente y analista político experto en Oriente Medio e Ibero América en asuntos relativos a las Relaciones Internacionales y la Seguridad y Prevención del Terrorismo, es autor de “La Yihad Global, el terrorismo del Siglo XXI” y varios libros de pensamiento. Integra el Observatorio de Relaciones Internacionales de IDEAR. Website: http://www.georgechaya.info
|