Las categorías de análisis para interpretar las transformaciones de la trama social en la Argentina se necesitan explicitar para poder tener una base de sustento del relato político en la coyuntura actual.
Tiempo, conciencia y sentido común.
En primer lugar tenemos que definir el tiempo histórico del ciclo político, este ciclo tiene un comportamiento de época, al estilo los ciclos largos de Kondratieff, entre 25 o 35 años. En nuestro caso histórico parece prolongarse en un lapso que se constituye con la democracia en finales de 1983 hasta nuestros días.
Este período no parece agotado, pero se nota un deterioro creciente de sus contenidos, tanto en su discurso, como en la formación “técnico-profesional” de su burocracia dirigente y de sus cuadros militantes.
Todos los participantes recuerdan que “..tenemos un país rico en recursos naturales y en capacidad humana, ...que no puede ser que exista pobreza,..que empieza el cambio,..que se tiene que trabajar para un futuro mejor para nuestros hijos,...”, etc..
Las propuestas concretas son ambiguas y escasas, y parecen reiterarse en los distintos momentos del ciclo. Al mismo tiempo que se reivindican de un modelo específico, difícil de distinguir, excepto en el ciclo económico de corto plazo, en lo referente a la relación biunívoca entre tasa de interés de referencia y tipo de cambio (devaluación respecto al dólar estadounidense o valorización parcial frente a nuestro socio-competidor Brasil), o el papel del Estado más interventor en la propiedad y regulación de los bienes públicos o más privatizador y ausente.
Esta banalización del contenido del discurso político busca resolver el conflicto social dentro de la lógica de la gobernabilidad vigente, proclive al reparto de situaciones de poder formal más que la generación de formas transformadoras de los problemas estructurales de la sociedad actual.
En este marco normativo-conceptual, se mantienen practicas y metodologías que se reclaman como herederos del momento místico constitutivo del último gran cambio de conciencia social, que fue el de la génesis del peronismo.
Estos contenidos místicos dejaron una trama en la identidad nacional, que ya forma parte del acervo antropológico cultural. Este contenido trasciende la distancia entre el sentimiento-pasión de la masa y la conciencia-realización en la práctica y la gestión del poder.
Frente a esta situación la masa tiene dificultades en superar la metodología obsoleta del uso del poder. Esta forma originaria prioriza la figura del líder-conductor, de rasgo paternalista, que ante los cambios de avance en la conciencia social, puede comportarse de maneras corporativas y autoritarias.
Esta práctica deja de ser simbólica, para afectar las pautas de acción política concretas y no responde al sentido común del momento histórico actual.
Parece que la dirigencia política no reconoce el transcurso del tiempo y proyecta lo realizado en la década del 50 del siglo pasado, como vigente en la crisis actual. Lo que termina poniendo en dificultades para cristalizar una manera acorde con el ciclo económico y político vigente.
Esto infantiliza a la masa, e impide resolver su salto cualitativo para asumir la vigencia de las categorías de pueblo y de nación. Queda como validada la respuesta de tener un pueblo sin historia y una nación sin destino.
Esta verdad revelada por el sentido común, obliga a los componentes sociales emergentes a romper el compromiso de gobernabilidad homogénea y a expresarse en un retorno tribal a formas perimidas, pero que sirven de refugio para la conciencia social agredida por la realidad.
Las fórmulas políticas creativas de esta última respuesta las podemos identificar con los estereotipos propios a la última elección legislativa. Las figuras de De Narváez, Juez y Solanas, son cada una en su espacio retornos a maneras de resistencia a la continuidad de un proceso de deterioro de las formas y contenidos del cambio y la transformación. Al mismo tiempo que representan espacios de libertad y de protesta frente a la tergiversación de los símbolos y métodos constitutivos de la transformación de conciencia social.
La mentira y la seducción, pierden peso de cara a los conflictos socio-económicos vigentes, y la realidad supera la ficción. Este relato conceptual, que impide que la verdad permita asumir lo concreto y el sentido común facilite que se cristalice una respuesta social compacta, dilata el salto cualitativo y condiciona la incertidumbre sobre la forma de respuesta que va a expresar la protesta social. (Ver el artículo sobre Metodología del Uso del Poder en revista grupo mayo, n.1.).
Esta incertidumbre con relación al tiempo, lleva a condicionar la observación del resultado electoral último, para poder accionar sobre las propuestas políticas de salida de la crisis actual.
Transición y poder social.
En el corto plazo, es evidente que se licua el poder político de decisión, en su contenido de representatividad social. La vigencia de una decisión profunda de garantizar la gobernabilidad democrática, supera las contradicciones y ambigüedades de la rusticidad del uso del poder de parte de la cúpula dirigente.
Esto no obsta a que los militantes de la democracia tengamos la obligación de comprometernos con sostener el gobierno hasta su finalización formal. Esto incluso en momentos de definición, como fue el voto en la última elección.
La comprensión sobre las dificultades que surgirían de una derrota electoral del gobierno, llevó a los sectores más concientes de las fuerzas sociales populares a sostener un discurso vacío de realidad y carente de creatividad para resolver conflictos creados innecesariamente un año antes.
Sin embargo la dureza del humor y el sentimiento de la masa no convalida siempre la racionalidad emergente.
Ahora, pasado el cimbronazo, es necesario observar si existe una reserva política para sostener la transición, o se viene el tsunami político. Sabemos en nuestra cristalización consciente de la trama histórica, que no siempre el autismo y la tozudez política tiene respuestas sociales lógicas y racionales.
El caso argentino se destaca por reconocer que una pelea conceptual, dentro del peronismo, puede desencadenar, si no es correctamente asumida y manejada, en una guerra social.
Esto exige que los sectores más conscientes, que sostienen la gobernabilidad, especialmente la cúpula del movimiento sindical y las dirigencias locales y regionales del peronismo, dialoguen y resuelvan sus diferencias de forma democrática real.
Si esta situación no ocurriese, es muy probable que el futuro del peronismo, en el corto plazo, se relacione con el que tuvo hace más de una década el PRI de México. Que tuvo que resignar su papel de gobierno y de conducción del proceso de gestión política, hasta el momento actual, luego de una reconversión social muy profunda.
Las huellas de este momento, seguramente no generaran, si no existe una resolución consistente, una formalización acorde con el sistema político de Europa occidental, que es la ilusión de sectores evolucionados de nuestra clase dirigente. Es decir una centro-izquierda que compite con una centro-derecha de manera superadora del mito histórico.
Normalmente esta sería una respuesta de sentido común en sociedades constituidas con otra raigambre antropológico cultural.
Difícilmente es nuestra coyuntura, ya que carece el último período de una consolidación de un grupo político dentro del peronismo o fuera de él que proponga a la masa una forma de avance en la conciencia para afrontar una democracia real.
Esta debilidad política, lleva a permitir seguir con las prácticas vigentes, con una mutación interna a la clase dirigente, sin un cuestionamiento mayor.
La negación y el autismo pueden ser acompañados por la anomia en las respuestas, y esto lleva a que la transición hasta la nueva elección, pueda dar fin a las actuales estructuras de poder, creando un nuevo agrupamiento político.
Lo más probable es que esto no ocurra y que la mutación sea aceptada por todos, ante el temor a la reiteración de las formas tradicionales de respuesta social ante la crisis en Argentina a la que todos tememos.
Estas fórmulas, que sostenemos deben ser perimidas y combatidas, son las que dan base de sustentación a los dos síndromes del malestar de la cultura en nuestra sociedad, y son el temor al golpe de Estado y el temor a la hiperinflación.
Conclusión.
Las propuestas de acción para superar los rasgos oscuros y latentes de resquebrajamiento de la contención social y de las formas de gobierno, en esta transición, nos convocan a reflexionar sobre la salida de la crisis política y económica en Argentina.
Nos obligan también a actuar apoyando la recomposición del uso del poder por la clase dirigente, tratando de que limite su rusticidad y dificultad de asumir la realidad.
Al mismo tiempo a buscar que el peronismo no entre en conflicto irredento, ya que eso aumenta la posibilidad de ruptura social en la crisis.
En cuanto a los contenidos de política que hacen al relato de la época, tenemos que poder aportar desde un pensamiento crítico, para saldar las carencias de la raigambre mítica de nuestra identidad nacional, y avanzar en la democracia con protagonismo y participación de la masa constituida en conciencia popular.
Mario E. Burkún
Director Escuela de Posgrado.
Universidad Nacional de La Matanza
1 de julio, 2009