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Notas de Opinión

Educación, inclusión social y desarrollo económico
Por Matías Lobos

Seminario Internacional: La política educativa y el nuevo rol del Estado en América Latina
Ponencia: “Educación, inclusión social y desarrollo económico”

La presente ponencia tiene por finalidad explorar las siguientes relaciones:

1) La relación existente entre desarrollo económico e inclusión social.
2) La relación vigente entre inclusión social y políticas educativas.
3) La relación existente entre políticas educativas y contenidos

Las experiencias políticas de Posguerra, en el marco del mundo occidental, demostraron que se podía compatibilizar desarrollo económico capitalista con inclusión social. El pacto social de Posguerra en Europa implicó que las clases trabajadoras abandonaran los proyectos revolucionarios, mientras que los sectores burgueses apoyaron un conjunto de intervenciones sociales del Estado que aseguraran la inclusión plena de los trabajadores al esquema productivo. El resultado de este “pacto social” fue el Estado de Bienestar europeo, promotor fundamental de los “treinta años gloriosos” de crecimiento capitalista constante y sostenido.  Claus Offe, en su libro “Contradicciones en el moderno estado de bienestar”, llega a afirmar que fue tan funcional la estructuración del moderno estado del bienestar a la lógica de acumulación y reproducción de las riquezas del sistema económico capitalista, que era impensable proyectar un capitalismo sin estado de bienestar. Para este reconocido intelectual alemán, pretender ensayar un capitalismo sin políticas de inclusión social, sería imposible debido a que el bienestar social constituye la piedra angular del capitalismo contemporáneo.

Ahora bien, la realidad actual nos indica que el capitalismo de principios del siglo XXI no es el mismo que hace treinta años, ni en las economías centrales ni en las periféricas. En el mismo sentido, las políticas de bienestar que aseguren la inclusión social no pueden ser las mismas que rigieron al estado de bienestar hasta mediados de los setenta.

¿Qué características tiene el actual capitalismo, que muchos rotulan como postfordista o postindustrial?

Benjamín Coriat, describiendo los lineamientos fundamentales de la organización industrial japonesa, sostiene los principios rectores de la nueva dinámica capitalista:

1) Producción  diferenciada, con volúmenes limitados y productos diferenciados.
2) Fábrica mínima con “stocks ceros”.
3) Fabricación en base a pedidos.
4) Autoactivación de las maquinarias y autonomatización de los operarios de planta.
5) Método “Justo a Tiempo” en las sofisticadas cadenas de montaje.
6) Innovaciones tecnológicas que posibilitan el reemplazo de la mano de obra por maquinaria.

Esta nueva fase de desarrollo capitalista requiere de un perfil de fuerza de trabajo muy distinto al que se requería en la fase anterior. Las nuevas competencias obreras requieren obreros polifuncionales y desespecializados; obreros con capacidades intelectuales para la planificación, resolución de problemas y capacidad para la toma de decisiones autónoma; obreros con habilidades necesarias para efectuar el control de calidad en el origen de la fabricación de los productos.

En síntesis, el nuevo capitalismo necesita de una nueva fuerza de trabajo mucho más capacitada y formada que en el pasado, y mucho menos numerosa.

Robert Reich plantea, en “El trabajo de las naciones”, que los trabajos de la futura economía capitalista serán de tres tipos: los analistas simbólicos, los trabajos rutinarios de producción y los servicios de persona a persona. En una línea de hipótesis similar a la anterior, Jeremy Rifkin augura el fin del trabajo manual de tipo industrial (el “réquiem a la clase trabajadora”), y su reemplazo por nuevas tecnologías y maquinarias que reducirán en forma considerable la demanda de mano de obra no especializada.

Si el capitalismo ya no es lo que era, las políticas sociales de inclusión ya no pueden tener el mismo formato que poseían en el Estado de Bienestar clásico.

Pierre Rosanvallon, en un extraordinario libro titulado “La nueva cuestión. Repensar el estado providencia”, y tomando como ejemplo la estructura social francesa; sostiene que el actual tejido social ya no puede ser comprendido desde la estructura de clases tradicional. Es más, afirma que el concepto de clase social ya se encuentra perimido. En lugar de diseñar políticas sociales que apunten a clases sociales, el propone pensar a los individuos (y sus trayectorias particulares) como los receptores finales de los esfuerzos estatales en materia de promoción social. Este pensador convoca a abandonar un “estado providencia pasivo” (ineficiente) y construir un “estado de providencia activo” que pueda personalizar sus medios, para adaptarse a la especificidad de las situaciones particulares.

La justicia conmutativa se basaba en la máxima “a cada uno según lo que se le debe”, la justicia distributiva funcionaba sobre la premisa “a cada uno según sus necesidades”. Lo que hoy se necesita es un nuevo enfoque de la justicia social que se estructure “bajo el sol del conocimiento de las diferencias entre los hombres”.

El desarrollo económico capitalista es un factor fundamental para el logro de la inclusión social. Sin embargo, la realidad actual nos demuestra que no necesariamente el desarrollo económico se traduce de forma automática en inclusión social.

En este punto podemos introducir en este seminario una vieja polémica que sostuvieron Fernando Henrique Cardoso y José Nun hace un par de décadas atrás. Cardoso sostenía, en el marco de un esquema marxista tradicional, que los desocupados latinoamericanos constituían un ejército industrial de reserva funcional al patrón de desarrollo capitalista. Es decir, que los desempleados tomados como “excluidos”, lo eran solo parcialmente y por un tiempo limitado. Nun contrapuso al concepto de “ejército industrial de reserva”, el concepto de “masa marginal”. En virtud de este último, se estaba constituyendo en América Latina un contingente humano disfuncional al esquema de reproducción capitalista. Dicho de manera sencilla, los “excluidos” no eran necesitados por la economía ni es su rol de consumidores ni en su rol de fuerza de trabajo. Perspectiva un tanto sombría a fines de los sesenta, pero perspectiva muy realista a fines del siglo XX cuando comprobamos que los incrementos en las tasas de crecimiento económico y acumulación de capital podían convivir con niveles crecientes y angustiantes de marginalidad social.   

La educación constituye una herramienta fundamental (no la única) para la inclusión social. La educación ha significado históricamente una poderosa herramienta para el ascenso social. Argentina es un caso paradigmático de esta última afirmación. Los sociólogos argentinos Alberto Minujin y Gabriel Kessler, analizando los fenómenos de nueva pobreza en la argentina contemporánea (proceso de pauperización de los sectores medios), sostienen que aun cuando la educación perdió su tradicional función de instrumento para el ascenso social, la misma sigue siendo buscada y valorada por los sectores medios y  medios - bajos de la población porque la consideran un “ancla” para evitar la caída abrupta en el descenso social.

Argentina ha sancionado una nueva “Ley de Educación Nacional” que reemplaza la anterior “Ley Federal de Educación”. En la actual normativa, se sostiene la necesidad imperiosa de asegurar el derecho a una educación de calidad para todos en la Argentina del siglo XXI:
“Una educación que permita acceder a un trabajo digno, una educación que permita adquirir herramientas necesarias para participar en el mundo contemporáneo, como una segunda lengua y tecnologías de la información y la comunicación”.

En la mencionada ley se sostiene como lineamiento básico educar para la productividad y el crecimiento:
“Las políticas económicas que promovieron la desindustrialización del país propiciaron la profundización de la brecha entre la educación y el mundo del trabajo… El cambio hacia un modelo de desarrollo que contemple como su principal sustento la capacidad de la gente de agregar valor a partir de la calidad de su formación, exige recuperar la capacidad del sistema educativo para aportar a un crecimiento basado en la potencialidad productiva del país … Desde el punto de vista social, quedar marginado de la educación significa quedar excluido de la posibilidad de integración en un mundo del trabajo que exige competencias cada vez más complejas para poder participar… En las economías del siglo XXI carecer de educación implica estar condenado a la exclusión y la marginalidad”.

En sintonía con la necesidad de preparar a los alumnos para su ingreso al mercado laboral, la ley afirma que se debe garantizar el derecho de todos y todas a conocer las nuevas tecnologías de la información:
“El término brecha digital que refiere a este fenómeno no solo marca las diferencias entre en el acceso entre individuos sino también entre grupos sociales y áreas geográficas que tienen o no la oportunidad de acceder a las tecnologías de la información y las comunicaciones”.

Puesta la actual ley nacional de educación de Argentina a la luz de las corrientes descriptas en los párrafos anteriores, me permito plantear algunas “zonas grises” del actual proyecto educativo argentino (y pensar si estas “zonas grises” también son compartidas por otras naciones latinoamericanas):

- Si el desarrollo económico es un factor fundamental para la inclusión social: ¿Tenemos en Argentina un modelo de desarrollo capitalista consensuado y planificado para el mediano y largo plazo?

- De ser afirmativa la pregunta anterior: ¿Qué características básicas tiene ese modelo de desarrollo? ¿Cuáles son sus nichos internacionales de inserción productiva? ¿Qué tipo de mano de obra requiere? ¿Es industrial, es agrícola – ganadero? ¿Es una mezcla de ambos? ¿Es un proyecto centrado en el sector servicios?

- Si ese modelo de desarrollo económico existe: ¿Cuáles son las nuevas orientaciones en materia de políticas sociales que aseguren la inclusión social de la totalidad de la ciudadanía? ¿Para los ciudadanos que son necesitados por el mercado (como consumidores y proveedores de fuerza de trabajo) y para los ciudadanos que no son necesitados por el mercado?

- Si este nuevo modelo de “estado de bienestar activo” está en construcción: ¿Cuáles son los contenidos de las políticas educativas que permitirán la inserción en el nuevo mundo productivo del capitalismo postindustrial?  ¿Cuáles son los contenidos de las políticas educativas para los que no van a ser necesitados por los puestos de producción de un capitalismo más sofisticado que el de antaño?

Considero que el abordaje y la resolución de estas “zonas grises” son vitales para que la política educativa se piense como un engranaje más de un sistema más complejo que incluye la integración y coordinación del desarrollo económico capitalista con las políticas de inclusión social.

Bibliografía consultada

- Ley de Educación Nacional de Argentina.
- José Nun, Marginalidad y exclusión social, FCE, Buenos Aires, 2001.
- Pierre Rosanvallon, La nueva cuestión social, Manantial, Buenos Aires, 2005.
- Claus Offe, Contradicciones en el Estado de Bienestar, Alianza, Madrid, 1990.
- Benjamín Coriat, Pensar al revés, Siglo XXI, Madrid, 1995.
- Alberto Minujin y Gabriel Kessler, La nueva pobreza en la Argentina, Losada, Buenos Aires, 1995.
- Jeremy Rifkin, El fin del trabajo, Paidós, Buenos Aires, 1996.

Matías Lobos – Politólogo, Especialista en Políticas Sociales, Secretario de Formación Política de Unión Por Todos (Argentina), Asesor Parlamentario.